jueves, 14 de agosto de 2008

Espartanos en la Isla

Se declaró el Estado de Alarma. Las Autoridades se mantuvieron alerta durante toda la semana. La presencia de, al parecer, catorce individuos de raza espartana en la región provocó la huida masiva de los lugareños hacia localidades próximas. Sin embargo, las lugareñas se quedaron. Así comenzaba la semana. Esparta era ya un mero recuerdo, la isla era el presente.
Los días fueron pasando a ritmo de Todo Excluido. "Un sandwich, por favor". "Sí, en seguida". Lo mismi ves el sandwich. "Un Arehucas cola, por favor" (30 minutos después). "Aquí lo tiene, le he puesto un vaso de plástico porque le he visto con cara de no gustarle el cristal"..... ¡Pa dentro!

Unas nubes que quemaban, tres coches que quedaron la mar de bonicos, una camarera del Buffet con un libro nuevo y una cita pendiente, una playa infestada de catorceañeras buenorras (sí, sí, he dicho catorce), un Martin Scorssese majísimo y guiris.

Ahora haced una cosa, decid la siguiente frase con ojos de loca, pelo revuelto, vestimenta de camarera y con cierto ansia en el cuerpo: "Hola chicos...me he comprado un coche!!". Aaaah! No diré más, sólo una reflexión. Tras aquella trágica noche en la que gracias a uno de los espartanos nos enteramos de que esa mujer se había enfadado porque, supuestamente, nos habíamos reido de su novio...¿recordais? ¿A que no volvimos a verla de nuevo? Al parecer le entró un ataque y la internaron en un psiquiátrico. Comentan vamos.

Entramos en ya todo un clásico de este blog: los cepillos. Éstos, que van y vienen, que nos miran y se dejan querer... Una cálida noche de julio aparecieron en la isla como quién no quiere la cosa. Escucharon nuestras voces y, lentamente, se fueron acercando. Cada vez más y más cerca, sin dilación, poco a poco, así hasta que cuando nos quisimos dar cuenta ya era demasiado tarde. Pa dentro! ¿Nombres? Lo mismi.

Pero si hubo una noche, un momento en que los Espartanos dejamos todo de lado y disfrutamos juntos de eso que llamamos "irnos de vacaciones" fue la noche en los Lagos. Eran casi las tres de la mañana, una borrachera para algunos más que considerable, vasos que emitían luces rojas de forma intermitente y música, buena música. "Splass!" Uno se tiró al agua. "Splass, splass!", calló el segundo. Así hasta que la gran mayoría acabamos con el agua al cuello. Fuegos artificiales, música, colegas a tu alrededor, pelotis que flotan, chicas guardando tu ropa... lo que aún no sabíamos era que se estaba escribiendo el punto y final de nuestro viaje a Tenerife. Sin embargo, en aquél momento, todo nos daba igual, nos resbalaba, eramos nosotros o ellos, los buenos contra los malos, los espartanos celebrando que éramos felices, que nada podía arrebatarnos todo lo que cada día hemos construido. Una amistad con matices diferentes, buenos y malos, pero de verdad. Así, con el agua por la cintura, uno de nosotros grita "Espartanos!! ¿Cuál es nuestro oficio?", y mientras todo el mundo nos miraba respondimos... "Au!!!!!!!!, Au!!!!!!, Au!!!!!!!". La noche, la fiesta, la isla...volvía a ser nuestra, y es que volver a nuestro medio nos dió la vida, por algo nos llaman peces.


Gracias espartanos.
(¿Por qué dos fotos? Ah, preguntárselo al Iñaki y al Ito)