Por el camino volvían dos de los chicos. Parecían tener frío. La nieve les llegaba por las rodillas y caminaban en dirección a la casa rural que habían alquilado junto a otros diez amigos en la pequeña localidad de Tuiza de Abajo, al sur de Asturias. Ellos entraban en la casa, pero al mismo tiempo otros dos se disponían a salir en dirección a los coches. Hacían guardia en los vehículos esperando a que pasara la máquina quitanieves; sólo en ese momento saldrían del pueblo en el que se habían quedado aislados por culpa del temporal. Frío, nieve, hambre, ansiedad. Las horas pasaban lentamente en la localidad asturiana.
La noche anterior no encontraron alimento para llevarse a la boca. Unas patatas fritas escogidas con sumo cuidado de la basura, un arroz pasado de moda, incluso unas mazorcas de maiz que servían de adorno en el hall principal de la Casa hicieron las veces de alimento. Todo válía. El estómago apretaba y algo había que cenar. Pues nadie cenó.
Ya lejos quedaban los días de vino y rosas en los que los doce caminaban a sus anchas por Oviedo, por Gijón, por Pola de Lena. Ahora sólo hacía frío y había mucha desesperación. Pero también hubo buenos momentos, de risas, de bolilleos, de duchas con potas a las seis de la mañana, de piques al Pro, en fin, de Benjaminadas...
Gijón o "El cesped de la risa"
Noche pasada por agua y alcoholes varios hicieron de esta la mejor mañana de fiesta desde hacía tiempo. Chupitos que no prendían, Saint Patrick's, Bambara, soportales y faldas. Cuerpos rebozados en cesped mientras una lluvia caía desde lo alto, un pasillo de un garito controlado al cien por cien por los chavales, bailes y canciones a rabiar mientras una ciudad con puerto amanecia lentamente. Un esguince, vale, pero sólo uno, todo un acierto tal y como estaban todos esa mañana. Saltando, gritando, Gijón, a sus pies, era suya, de los doce. ¿Como sonaba eso? Era algo como..."Raúl, raúl, raúl..."
Oviedo o "El país de las mujeres y los chupitacos"
Que gran lugar. Que de fiesta en tan poco espacio. Lo pasaron bien. El bolilleo fue lo más destacado de la noche. Mientras los que tenían parejas respetaba, el resto se lanzaban al placer del amor o al amor del placer, nunca se sabe. De pronto, un bar de viejos con una Lorena como camarera (zapatos, uñas y lencería a juego) adorno la noche. Un culo pegado a un cristal (hay foto) y los cepillitos fueron saliendo. Los chupitacos (en honor a como los llamaba Tania, la camarera del penúltimo bar) si prendían, gracias al Cointreau de calidad. Los bares iban cerrando y las luces los echaban a la calle. De pronto, una bufanda menos, que pim que pam. Y no es que sea vanidoso, que el dueño lo es, pero es que la droga está mal vista socialmente, "la droga es la verdadera salud", decía el yonki. La noche se acabó para ellos y con ella el primer desayuno liandola. Mientras, echaban monedad para ver si tocaba la "especial". Nunca tocó.
Tuiza de Abajo y Pola de Lena
Al llegar, la noche fue para ellos como el comienzo de una contrarreloj. El tiempo pasaba y sabían que debían beberse todo el ron que después, el resto de la semana, no se beberían. Así que a base de chupitos se fueron fraguando las horas, así hasta que uno de ellos tuvo que meterse en la bañera a descansar, el alcohol, al menos para ese mozo, había dicho basta. Al día siguiente el casero, Leandro de Borbón, alias Benjamín, les aviso que si no cumplían las putas normas, llamaría a la Guardía Civil. Lo mismo se hace la meremérita 40 km para echar la peta a unos chavales aislados. Es como cuando los padres de Jairo se quejaban al Cipri de que en la Pradera estaban haciendo ruido, y el Sr. Cipriano no bajaba porque sabía que era Jairo que le había dado un venazo.
En Pola de Lena conocieron la Castorina, un gran lugar para comer hasta morir que permanecerá en sus memorias para siempre, tanto por su primera comida como por la última, aquella fabada y esa sopa tan ricas, y esos escalopines con pimienta, sin pimienta, con roquefort, sin roquefort, rebozados, con ensalada, con patatas, con salsa o sin salsa, daba igual como fuera, el vasco ya se había picao.
Imagino que faltan detalles, anécdotas, sucesos.... pero de lo que seguro no nos olvidaremos es de la Pity Face, y es que ésta ha sido su historia, nuestra historia. La vida de unos chavales que lo dejaron todo en Madrid y se lanzaron al abismo con el único objetivo de pasar unos días juntos lejos de todo. Pues así hizo ella, sin reparos saltó al vacío y se metió en una casa con doce tios con el único objetivo de echar un polvo lejos de todo. Al fin y al cabo, la Pity Face's story es como la nuestra. No miró atrás, no vió las consecuencias y dijo "sí".
Ahora sí, me despido con una reflexión. ¿Y si la Pity Face hubiera venido el viernes noche y se hubiera quedado a dormir y para cuando se hubiera levantado ya hubiera sido demasiado tarde y hubieramos estado incomunicados? Imaginaros como hubiera sido la noche de sabado, unas horas después, los doce en la casa sin comer, sin beber, aislados, incomunicados, sin cobertura....con una Pity Face rondando por la casa con cara de pena. Pues como dijo el yonki vanidoso: "Pim, pam pum".
Mua a todos los campistas. La próxima a la playa!!
Rulas!
lunes, 24 de marzo de 2008
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