Ciao Fiestas de la Sierra
Pues si, se acabaron. Durante todo el verano estuvimos pensando lo triste que sería que llegaran las fiestas de Guadalix de la Sierra, no porque sean las peores de todas, que también, sino porque son las últimas... Pues irremediablemente llegaron, y como todo en esta vida, igual que llegaron se fueron. ¿Y ahora que?
Una plaza con orquesta, los bares abiertos hasta bien entrada la madrugada, farolillos encendidos, familias enteras tomándose algo y varios grupos de peñas rodeados de más peñas. Así son las fiestas de los pueblos de la sierra.
Soto del Real, Miraflores de la Sierra, Navalafuente, Guadalix...y es que han sido muchas las horas de fiesta que llevamos a la espalda, unos festejos que, por otro lado, siempre permanecerán en nuestro recuerdo por diferentes motivos. Unos porque tuvieron un bolilleo espectacular, otros porque lo intentaron y no pudieron; y algunos porque ni siquiera lo intentaron. Luchas de edades, mentiras piadosas, jugueteos nocturnos y rondas de minis que se escapaban de las manos. ¿Quien paga esta? ...y así fueron pasando las horas hasta las 04:37 de un sábado cualquiera en un pueblo en fiestas...
"El frescor en su garganta producido por el sorbito que le ha dado a su mini de ron hace que mire hacia el suelo, que baje la mirada y, segundos después, la clave en un chaval que pasea en bicicleta por una calle adyacente. El joven piensa que esa cara le suena, además ya conoce la plaza, ya ha estado ahí más veces, reconoce a sus gentes, sus bares; y la cara de ese niño le suena, así que decide seguirle. Al girar la esquina, el pequeño ya no estaba. Se había esfumado. Entonces el joven comenzó a reflexionar... a pensar... y llegó a la conclusión de que ese chaval podía ser él mismo hace muchos años, cuando todavía era un crío y paseaba en bicicleta por el camping. Irremediablemente hizo una comparación odiosa. Por un lado se recordó a si mismo cuando tan solo tenía 8 años, corriendo en bicicleta por el Camino de los Huevos, buscando saltos y rodeado de todos sus amigos, compañeros que, años después, seguirían acompañándole en su día a día; y por otro lado se miró a si mismo, a sus "veintitantos"años, con un mini en la mano, y manchado de alcohol. Entonces se preguntó "¿Han pasado tantos años?"... ¡Plaas!
Una colleja en el cuello lo despertó. Era su amigo de la infancia, con quien había salido tantas veces a construir cabañas y hacer saltar los plomos del cajetín de las parcelas. Ahora, mucho tiempo después, ambos estaban de fiesta en la plaza de un pueblo de la sierra. Él joven siguió la fiesta, como si no hubiera pasado nada, como si aquel niño en bicicleta no hubiera pasado por delante suya, pero era imposible no recordar... el pasado estaba tan unido a él como ese mini de ron. Su cabeza se inundó de palabras inconexas: bicicletas, alcohol, fiesta, camping, chicas, Madrid, familia, el trabajo, el piso...su mente se nubló de nuevo. Miró al frente y vió a sus colegas bailando, roneando, riendo y pasándolo bien en medio de la plaza. Esa imagen valía más que mil palabras. Entonces comprendió que ya no había bicis, ni cabañas, ni buceo económico, pero no por eso era peor, porque había algo que seguía igual, que permanecía innmovil y que era lo más importante de todo, era el "leit motif" de toda su vida, y por eso se encontraba ahí en ese momento: la amistad entre todos ellos.
Volvió a beber otro sorbo y se dejó llevar. Al fin y al cabo, estaba de fiesta."
jueves, 13 de septiembre de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)