30/07/2007 hasta 05/08/2007, o ¿al revés?
Ahora en Madrid reflexiono, y pienso. No se, me da por echar la vista atrás y recordar. Es inevitable...
Ahora en Madrid reflexiono, y pienso. No se, me da por echar la vista atrás y recordar. Es inevitable...
Las luces me ciegan, bajo la mirada y veo una copa, mi copa. Es mi mano, agarrando un whisky con coca-cola. Llevo los pies destrozados, pero imagino que todos estamos igual. Jodidas chanclas. No paro de moverme, de un lado a otro; las voces pasan por mis oidos lentamente. ¿Será el alcohol? Es igual. La noche retrocede y estoy con mis amigos en una discoteca de la playa. Aún no se porqué, pero estamos rodeados de mujeres. Copas de balón van y vienen. Por sus caras diría que se lo están pasando bien, que es su noche y que frente a sus copas, nadie les va a quitar la alegría que creo invade sus cuerpos. Empiezo a ver más claro, las conversaciones se entienden mejor y estamos todo el grupo juntos, pegados a la barra, pidiendo la primera copa.
"Maná". Eso pone en mi muñeca. ¿Y esta calcamonía? Todos la llevamos. Que raro. Nos alejamos de la barra, nos echan del garito. Anda! Nos devuelven el dinero pero a la vez nos quitan un ticket. Eh! La calcamonía ha desaparecido. No entiendo nada.
Nos dirijimos camino del botellón. Vamos decididos, sabiendo que la vamos a armar, que Benalmádena es nuestra. Ya sentados en el paseo, las copas van y vienen. Brugales y JB's se entremezclan entre limones cortados y hielos derretidos. "Cómo me gusta el jaleo"- dice uno. "¿Ah, que no te gusta?"-contesta el otro. Dos de mis amigos ronean a un grupo de cinco chicas. El caso es que me suenan, pero no se de qué. Creo que de dentro del garito del que nos acaban de echar, pero no estoy seguro. Bueno dejaré que vaya pasando la noche.
Entre unas cosas y otras, nos inventamos un juego. "Pégate a ti mismo". Ni siquiera lo voy a explicar porque creo que hacerlo, sería tirar piedras sobre nuestro propio tejado. El caso es que es la ostia.
Cuando me quise dar cuenta las bolsas de hielos estaban enteras y las botellas de alcohol sin abrir. ¿Por qué? Juraría que hace un rato estábamos bebiendo y roneando. Que noche más rara. "Mmm...este peloti está especial"-asegura un amigo, "Vamoooooossss"-repite otro. La noche comienza.
Estamos cansados, el camino del hotel a la zona habilitada para la botellona (ji ji) está a un ratito, y más cuando hay que hacer una parada en el OpenCor para coger hielos y mezclas. Pero lo hacemos al revés, entramos al supermercado cargados de bolsas y sudando, y salimos sin ellas. Sin embargo, volvemos a tener dinero encima. ¿Por qué las descambiamos? Cuando empezaba a unir cabos y a darme cuenta de que el reloj iba al revés, habiamos llegado al hotel.
Todos nos duchábamos, nos preparábamos para salir. Kilos y kilos de gomina, litros de agua, ropita nueva y una mezcla a colonias impresionante. A las 12 hemos quedado en la puerta del hotel para ir a comprar lo que queda de bebida; además, hoy hay que estar antes para que nos pasen a un garito que dicen que te ponen copas de balón. Puede estar bien. Creo que me han dicho que se llamaba "Maná" o algo así. Cuando parecía que estábamos todos duchados, volvía a ocurrir lo mismo, el reloj volvía a retroceder y en mi mano no había un gel, ni un champú, sino un vaso de agua. Dios! Todavía estábamos cenando.
Nos habían colocado una mesa para que entráramos todos. Como siempre, patatas y arroz no faltaba en ningún plato. Una ensaladita como mucho y una botella de agua "del tiempo" rodeada de otras cinco totalmente frías. "Llogreeeemli...pásame el pan"- grita un campista. La comida pasó de ser un ritual los primeros a días a ser un mero trámite en los siguientes. Al principio comíamos todos juntos, incluso algún brindís hicimos, mirábamos la comida con calma, elegíamos que nos apetecía ingerir y que no. Pero a medida que iba pasando la semana, llenábamos los platos con aquello que seguro nos llenaría; no nos la jugábamos con cosas rebozadas que vete tu a saber que llevarían. ¿Qué si nos faltó algo? Bueno, siempre nos faltó una botella de vino.
Un bañito antes de subir a cenar era algo obligatorio cuando había pasado toda la tarde en la playa. La arena, los pies sucios, el pelo echo un estropajo...todo eso lo solucionaba nuestra gran piscina caliente de suelo resbaladizo. Ahí nos relajábamos, dejábamos de pensar y flotábamos entre litros y litros de pises de los niños del hotel. Bueno, y de los no tan niños, qué el liquido rojo le debió salir a más de uno de éstos. "Todos bajo el agua, a ver quien aguanta más sin respirar", les reté. Cuando me quise dar cuenta tragué un poco de agua. Estaba salada. Subí a coger aire y no estaba en la piscina, era la playa. Miré el reloj, pero no lo tenía. Lo había dejado en la toalla, así que salí del agua como pude y abrí la mochila que estaba junto a las toallas. Miré el reloj. Las seís de la tarde. Hace un rato estaba bailando en una discoteca y ahora estaba en la playa. No entiendo porque todo retrocedía. Me lo estaba pasando tan bien que cada día rezaba porque se parara el tiempo, pero de ahí a que retrocediera....pero me cansé de luchar contra lo inevitable.
Opté por dejarme llevar, retroceder en el tiempo. ¿Porque qué es el tiempo? ¿Quien es dueño del tiempo? Acaso alguien lo ha comprado y ha dicho: "Eih, el tiempo es mio, me lo quedo, y quiero que vaya transcurriendo para ir jodiendo a las personas. Para que cuando se lo estén pasando bien se jodan".
Era la hora de la siesta, abrí un ojo como pude y observé a mis compañeros de habitación. Mientras uno dormía, el otro miraba los deportes en el teletexto. Que vicio...Y así fueron transcurriendo los minutos, las horas, los segundos, los días. Así, hasta que llegamos al hotel el primer día para poder disfrutar juntos de otra semana en la playa, y es que ¿Cuanto costaría retroceder en el tiempo? No se, pero podíamos poner un fondo común y mirarlo, porque este viaje, si es con vosotros, lo repetiría con los ojos cerrados.
GRACIAS

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